miércoles, 29 de marzo de 2017

Un cambio de rumbo y un millón de gracias

Corría el año 2009 cuando fui a parar a manos de mi amo. Desde entonces han sido 8 años de recuerdos, de sensaciones, de diversión y anécdotas con muchos de vosotros. Todas ellas han quedado plasmadas en este blog que tanto me ha dado escribiéndolo y releyéndolo, acordándome de cada una de las cosas que viví con mis amos y con vosotros, con mis amigos en cualquier parte del mundo. Estoy seguro que cualquiera de vosotros esbozará una sonrisilla al recordar ese rinconcito en el que se siente partícipe de este blog, aunque sólo fuese sosteniendo la cámara para captar mi mejor vuelo. Gracias.

Sé que he significado mucho y que para mis amos tengo un valor simbólico de amistad y amor incalculable, pero he decidido hacer un alto en el camino, una parada. He decidido empezar una nueva etapa por mi cuenta con mis compañeros de cuevas y dejar a mis amos tranquilos durante unos meses. Pero os dejo todo el bagaje y las más de 150 entradas escritas, de mi puño y letra. Algunas mejores, otras peores, algunas con cosas que espero os puedan servir en vuestros viajes y otras con menos cosas, pero graciosas.

Desde Suecia, pasando por Noruega, hasta Canarias o Eslovenia, Francia, Estados Unidos...sin duda me queda mucho y esto sólo se podría completar con las experiencias de otros murciélagos, así que nunca cerréis la puerta de vuestra casa a un muñeco de fieltro como yo. Aquí os dejo varias de las que para mí han sido mis mejores entradas:

Nota final del autor:
En realidad nunca he sabido muy bien quién estaba escribiendo este blog, si Coqueto o yo. Finalmente le he arrebatado el teclado a mi murciélago para despedirme por un tiempo de él. Coqueto es y seguirá siendo una parte muy importante de mi vida y tanto este blog, como su blog secundario, no se eliminarán, por todo su valioso contenido, pero se mantendrá inactivo por un tiempo indeterminado. Quizá para volver con más fuerza en el futuro o quizá para servir de trampolín para emprender un proyecto mayor y distinto.  Hasta entonces, sólo agradeceros todo lo que ha hecho posible este blog: vuestra compañía, vuestra amistad y vuestras lecturas. Sonrisas para todos, @DiBorja

lunes, 20 de marzo de 2017

Calor DC. Washington.

Arde la calle al sol de poniente, el asfalto se derrite y yo no puedo casi ni volar. Mi visita a Washington en Agosto prácticamente sólo me permitió salir de sitios con aire acondicionado a partir de las ocho de la tarde. Cuando, al menos, podía revolotear bajo el aplastante calor húmedo de la noche.
Muchos grados y el Capitolio
Esa tarde noche fue perfecta para volar desde el Capitolio hasta la estatua de Lincoln y ver los monumentos del National Mall. Entre ellos me gustaron particularmente dos. El monumento a los veteranos de la Guerra de Corea, tan sobrecogedor que al pasar a su lado en la oscuridad un frío te congelaba y estremecía, si te descuidas puedes acabar andando entre sus tristes destinos (sólo las fotos te hacen temblar). Y el memorial de la Segunda Guerra Mundial por su armonía perfecta.



A la vuelta, con las camisetas de mis amos como pasadas por el Aquopolis de Villanueva de la Cañada, pasamos por la valla de la Casa Blanca, ni yo pude sobrevolarla de lejos. Tampoco íbamos con las pintas adecuadas para que nos recibiese Michelle.
El WW2 Memorial
Lo dicho, el aire acondicionado me llevó a otros dos museos en WDC, el del Aire y del Espacio y el Museo del Holocausto (gratis el primero y el segundo casi gratis aunque hay que registrarse).
El museo del Aire y del Espacio, o Smithsonian, es sin duda, un imprescindible de la ciudad. Si en NY el museo de Historía Natural me pareció increible, en Washington es este el que hará las delicias de murciélagos grandes, mayores, tontos, listos, vaguetes y curiosos. Desde clases de física, a la historia de la aviación comercial, pasando por aviones de combate, drones y las expediciones al espacio, todo montado como sólo los americanos saben (sí, hacen cosas bien).
Aviones comerciales en el Museo del Aire
Miyazaki, ¡el viento se levanta!
El museo del Holocausto también es muy espectacular, en particular una pequeña exposición para niños en la que te pones en la piel de un niño imaginario deportado a un campo de concentración y vas pasando por los diferentes momentos de su hipotética vida. En el museo encontraremos de todo, incluso cosas que es mejor no verlas, pero quizá un Europeo tiene la lección más cercana, sobre todo si eres un murciélago que ha visitado Polonia, y en concreto vivió mucho más de cerca la tragedia humana, plasmada en esta preciosa entrada.

Tras esos momentos de frescor dentro de los museos, todavía quedaba una visita obligada en Washington: el cementerio de Arlington. Para ello nos desplazamos en un metro que nada tiene que ver con el de NY en cuanto a limpieza y espacio. Eso sí, las máquinas de billetes podían funcionar con Windows NT o MS-DOS. Realmente si hay algo que les funciona, los americanos no lo cambian, ya puede tener 40 años la máquina que mientras saque billetes "de aquella manera", ahí se queda. Y lo mismo aplicable a autobuses, coches y otras antiguallas.
El cementerio de Arlington
Una vez bajo el calor de Arlignton, rodeamos el imponente y solemne cementerio hasta encontrar la tumba de Kennedy con la llama eterna que su mujer Jackie colocó en su memoria. Unos metros más adelante está la "Tumba al Soldado Desconocido" custodiada 24/7 desde 1937, llueva, nieve, truene o relampaguee, por la "Vieja Guardia". Eso sí, curiosamente usan gafas de sol siempre para que el granito de la tumba no les deslumbre. Ya saliendo del cementerio aprovechamos para ver la estatua de los soldados de Iwo Jima y cogimos el metro de vuelta en Rosslyn Station.
Iwo Jima
Una ensalada y un túper con piezas de fruta por el módico precio de 10 dólares nos sirvió para recuperar fuerzas y volver a pensar en la variedad gastronómica que tenemos en España. Allí nos vamos volando de vuelta, dando por completo este segundo tour por Estados Unidos. ¡Hasta la próxima aventura murciélagos!

Una gran manzana y un murciélago, Nueva York

Este pasado verano tuve que salir corriendo de Central Park, cientos de adolescentes me vieron e intentaron cazarme con su móvil. Jovenzuelos imberbes que piensan que soy un Pokémon...pero yo soy mucho más, soy un murciélago viajero y esta vez he estado en la que muchos llaman la capital del mundo, por ahora.
Vista del Empire State desde Top of the Rock
Llegar a Nueva York es una sensación curiosa para un murciélago videópata. Una y otra vez pensando...esto ya lo he visto. Pudo ser en alguna escena de Friends, algún rascacielos de Spiderman o en ese documental sobre comida basura. Lo primero que me llama la atención es la cantidad de gente que abarrota las calles, gente que se mueve y que no para, que llega a su trabajo en Wall Street con un vaso de Starbucks gigante y tarda más en subir en ascensor a su planta que en llegar a su edificio.
Me alojo muy alto y muy cerca del centro, en una cueva pequeñita pero muy limpia y organizada. Cada metro cuadrado de Manhattan cuenta y cuesta, cerca del barrio de Hell's Kitchen, barrio de superhéroes donde está el Yotel. El día empieza y NY espera con muchísimas cosas por hacer, es difícil concentrar todo en los cinco días que estaré por aquí pero os voy a intentar contar las cosas que más me impactaron y que no deberíais perderos.

Tanto el Empire State como subir al Top of the Rock son un clásico básico, cada uno te dará algo distinto. El primero, el glamour del edificio más emblemático y bonito de Manhattan y el segundo unas vistas privilegiadas del pulmón, bien necesitado, de la ciudad, Central Park. Sus contras, el primero suele estar bastante más lleno y se recomienda subir de madrugada cuando otros turistas ya lleven durmiendo un rato. Además, hay muchos imprudentes que quieren hacer fotos con sus tablets de 10 pulgadas sacando las manos por la rejilla...yo de ser humano, andaría con ojo al pasar por debajo, igual te cae un Galaxy del cielo. En cambio en el Rockefeller nos podemos olvidar de las colas puesto que está muy bien organizado, y para bien o para mal, hay un cristal que no nos permite flotar sobre el vacío. Como murciélago recomendaría los dos, uno por la noche y otro de día, pero sé que mi temeroso amo prefirió el segundo.
Noche desde el Empire State
Un paseo y una caminata desde Brooklyn, en mi caso vuelo. De buena mañana llegar al Dumbo Park ya sea en barco o en metro, para conseguir la mejor instantánea de la isla de Manhattan. Después, respirar hondo y emprender el camino de vuelta cruzando el puente de Brooklyn. Paseando por Wall Street, sin tocar los huevos al Toro. Subir por Little Italy oliendo a Pizza, por ChinaTown oliendo a noodles y acabar en el moderno High Lyne Park y en el estadio de Madison Square. Sin duda, un día completo para valientes en forma.
Todo listo para un buen paseo
Una cena en el Ellen's Stardust, aunque penséis que hay mucha cola, termina mereciendo la pena por escuchar las jóvenes voces que pronto irán a Broadway y la pasión que le ponen al asunto. Además de comer una buena hamburguesa, claro está. El resto de comidas, no os voy a engañar, necesitaréis una desintoxicación al llegar a casa. Un simple plátano en NY es un tesoro de salubridad tal que pocas personas pueden poseer. Sí me gustaría destacar las hamburguesas y batidos del Shake Shack, rivalizando pero un poco por debajo de las deliciosas californianas del In-N-Out y las costillas del BBQ Dallas. Más allá de eso, creo que en hamburguesas de calidad ya les ganamos, casi como cuando España les gana la final del Mundial de Basket, ¿o todavía no ha sido eso?

Una visita al 11-S memorial, muy emotivo y espectacular en todos los sentidos. Dos grandes colosos llenos de civiles que se desmoronaron y siguen cayendo hacia lo más profundo de la Tierra. Hay cosas que no se deben olvidar, esta es una de muchas, lo que tengo claro como murciélago es que no se deben repetir. Además aproveché el viernes por la tarde para colarme en el MOMA, "tip", es gratis. También visité el fantástico Museo de Historia Natural, probablemente de los mejores en los que haya estado en cuanto a recursos, no deja de sorprenderte en cada sala (cuidado con los dinosaurios).
El vacío se come la tierra
Un día o un par de tardes es recomendable dedicar a recorrer Central Park, pero sin agobios. Pasear, volar, tranquilamente y perderse encontrando los pequeños tesoritos que hay dentro del parque. Aparcar la bici y tomarte tranquilamente tu bocata o ensalada recién comprada. Aunque me tentaron los perritos, la bofetada olorosa del resto de puestos ambulantes me desanimaron a probar esa opción. Un consejo para alquilar la bici es buscar cupones de Groupon o similar con antelación. Ojo, tened en cuenta que la bici está prohibida por los pequeño caminos del parque, así que para muchas cosas tendréis que bajar y remar. Por eso es mejor dedicar una mañana o tarde con bici para verlo entero, y otra sin ella para los detalles.
Merendola en Central Park
"The show must go on" y las luces de Broadway no se apagan, el centro ciudad del futuro por excelencia al que muchas buscan parecerse. Se hace de noche pero los anuncios no respetan, iluminándote y guiándote hacia la próxima película o serie, en mi caso Stranger Things, que vas a ver. El centro de NY y del imperio mundial son unas escaleras donde se venden entradas para ir a ver a gente cantar y bailar. Esto puede dar para muchas reflexiones pero la más fácil para un murciélago es que todos los países deberían tener esas escaleras.


En los alrededores se expande toda la mercadotecnia con sus emblemáticas tiendas, cada vez menos quizá, por este mundo globalizado, pero no deja de tener su encanto asomarse por la tienda de Lego, Nintendo y M&Ms. Además de las luces, en NY por las noches aparece un nuevo ente que bloquea las aceras, bolsas de basura más grandes que un mastín napolitano. Paraíso de las ratas, pulsera y barra libre, algo que no deja de sorprender en la capital del mundo. Sobre conciencia ecológica este no es el mejor blog para hablar, así que se lo dejaré a otros. Curiosamente NY sí que cuenta con un sistema de calefacción peculiar, el vapor que suele salir de las alcantarillas de las calles, no son más que fugas del sistema de tuberías que llevan el calor en forma de vapor a todas las casas, quizá más eficiente, pero también más peligroso.
El corazón de Broadway
Más alla del resplandeciente corazón, también merece la pena acercarse a conocer el resto de la isla. Un rápido vuelo por Harlem y el Bronx te vuelven a abrir los ojos al contraste y la realidad en la que vivimos.

Creo que he pegado un buen repasito a la isla de Manhattan, dejando algunos consejitos para futuros murciélagos. Sin duda un viaje imprescindible y otro de esos lugares que dejan de estar en una pantalla para estar en ti, con todos sus sentidos, cada vez que los vuelves a ver. Me despido de la isla y me voy acercando a mi próximo destino, Washington, al ritmo de Frank: New York, New York, New York...
¡Mis antepasados!

jueves, 25 de agosto de 2016

Tenerife, ¡qué rico!

Alzo el vuelo junto a un 737 de Ryanair rumbo a las Islas Canarias. Error. Tocaba Norwegian. Alzo el vuelo, ahora sí, y me poso en el ala para llegar plácidamente al archipiélago de las Islas Canarias. Quizá recordéis mi loca aventura de Arehucas y Clipper en Gran Canaria, pues esta vez toca ir a la isla vecina: Santa Cruz de Tenerife.
En lo alto de Tenerife
Grupo con pies en tierra firme, toca alquilar un coche con la eficiente y asequible CICAR (Canary Islands Car), que nos ofrece coches plataneros amarillos anticipándose a lo que veremos en el sur. ¡Plátanos, plátanos, plátanos! Kilómetros y kilómetros de plataneras se extienden ante mis ojos. Si tenéis la oportunidad de visitar alguna de ellas no perdáis la oportunidad de ver la riqueza que hay en la isla.
Rico rico
Plataneras infinitas
Pero mi viaje seguiría con algo que siempre me encanta: visitar cuevas (casas en mi caso) y además, aprender de ellas. Las otras cuevas que he visitado, una de ellas en Eslovenia, son diferentes a las de Tenerife. Normalmente estamos acostumbrados (o estaba, porque mi casa es así) a cuevas con grandes y gigantescos espacios huecos entre la caliza, que además terminan formando estalactitas, estalacmitas, juntándose... en definitiva, el agua abriéndose hueco. Son las llamadas cuevas Kársticas, como las de Scokjan.

Mis amos y su grupo me han traído a Icod de los Vinos, a la Cueva del Viento. La primera pregunta es ¿Dónde estamos?. Efectivamente, afirma el guía, estamos en la ladera de la punta de un volcán escondido en el océano, es el momento de no recordar el traumático corto de Pixar. Resulta que la lava también forma cuevas, pero son diferentes. De hecho, el tipo de lava que hay en Canarias es única en Europa, y es del mismo tipo de las que hay en Hawai, de ahí su nombre hawaiano "Pahoehoe". Esta colada forma burbujas que en su superficie tienen una costra pero por debajo dejan pasar la lava, formando "tubos", que al enfriarse conforma redes y redes de cuevas tubulares. Ahora, hoy, se están descubriendo en Tenerife a golpe de espeleología, y vamos a por récord de longitud. Apasionante introducción a la vulcanología. Si vais a Tenerife, visita recomendadísima, de hecho, voy a tener que alquilar una cueva de estas para fiestas de murciélagos. Pincha aquí para ir a su web oficial. Cueva del Viento.
Un tubito de la cueva
Al día siguiente, seguimos con volcanes, subí al Teide. Yo volando mientras mis amos y su grupo en huevo-teleférico, de esos en los que siempre hay una madre que abraza a su hija y tiene más miedo ella que los fruitis al lado de una batidora. No vayáis con prisa, antes de llegar, parad y parad por los paisajes marcianos, jupiterescos o plutonianos por los que pasa la carretera: negro, rojo, naranja. Colores que desafían la paleta de colores del hombre medio (no mujer). Una vez arriba, acompaño por la pequeña y asequible ruta de senderismo a mi grupo. Me refresco con la nieve, pero también puedo sentir el calor por alguno de los agujeros del volcán, interesante combinación.
El Teide 
Además de dichas excursiones, si debo alertar de la necesidad de hacer un hueco en el estómago antes de viajar. La isla es un festival gastronómico, como ya ocurriera en Gran Canaria, la variedad y calidad de su gastronomía no está en duda. Si quieren comida casera, en Tenerife van sobrados, sólo tienen que buscar los tradicionales Guachinches y a disfrutar de platos típicos y carnes a la brasa. De postre, si queda espacio, quesillo y barraquito.

Tras tres días intensos que dieron mucho de sí alrededor de Tenerife. Me vuelvo con la intención de volver. Cada vez estoy más convencido, Canarias es nuestro paraíso.
Un agujero caliente me estuvo calentando la cabeza