jueves, 25 de agosto de 2016

Tenerife, ¡qué rico!

Alzo el vuelo junto a un 737 de Ryanair rumbo a las Islas Canarias. Error. Tocaba Norwegian. Alzo el vuelo, ahora sí, y me poso en el ala para llegar plácidamente al archipiélago de las Islas Canarias. Quizá recordéis mi loca aventura de Arehucas y Clipper en Gran Canaria, pues esta vez toca ir a la isla vecina: Santa Cruz de Tenerife.
En lo alto de Tenerife
Grupo con pies en tierra firme, toca alquilar un coche con la eficiente y asequible CICAR (Canary Islands Car), que nos ofrece coches plataneros amarillos anticipándose a lo que veremos en el sur. ¡Plátanos, plátanos, plátanos! Kilómetros y kilómetros de plataneras se extienden ante mis ojos. Si tenéis la oportunidad de visitar alguna de ellas no perdáis la oportunidad de ver la riqueza que hay en la isla.
Rico rico
Plataneras infinitas
Pero mi viaje seguiría con algo que siempre me encanta: visitar cuevas (casas en mi caso) y además, aprender de ellas. Las otras cuevas que he visitado, una de ellas en Eslovenia, son diferentes a las de Tenerife. Normalmente estamos acostumbrados (o estaba, porque mi casa es así) a cuevas con grandes y gigantescos espacios huecos entre la caliza, que además terminan formando estalactitas, estalacmitas, juntándose... en definitiva, el agua abriéndose hueco. Son las llamadas cuevas Kársticas, como las de Scokjan.

Mis amos y su grupo me han traído a Icod de los Vinos, a la Cueva del Viento. La primera pregunta es ¿Dónde estamos?. Efectivamente, afirma el guía, estamos en la ladera de la punta de un volcán escondido en el océano, es el momento de no recordar el traumático corto de Pixar. Resulta que la lava también forma cuevas, pero son diferentes. De hecho, el tipo de lava que hay en Canarias es única en Europa, y es del mismo tipo de las que hay en Hawai, de ahí su nombre hawaiano "Pahoehoe". Esta colada forma burbujas que en su superficie tienen una costra pero por debajo dejan pasar la lava, formando "tubos", que al enfriarse conforma redes y redes de cuevas tubulares. Ahora, hoy, se están descubriendo en Tenerife a golpe de espeleología, y vamos a por récord de longitud. Apasionante introducción a la vulcanología. Si vais a Tenerife, visita recomendadísima, de hecho, voy a tener que alquilar una cueva de estas para fiestas de murciélagos. Pincha aquí para ir a su web oficial. Cueva del Viento.
Un tubito de la cueva
Al día siguiente, seguimos con volcanes, subí al Teide. Yo volando mientras mis amos y su grupo en huevo-teleférico, de esos en los que siempre hay una madre que abraza a su hija y tiene más miedo ella que los fruitis al lado de una batidora. No vayáis con prisa, antes de llegar, parad y parad por los paisajes marcianos, jupiterescos o plutonianos por los que pasa la carretera: negro, rojo, naranja. Colores que desafían la paleta de colores del hombre medio (no mujer). Una vez arriba, acompaño por la pequeña y asequible ruta de senderismo a mi grupo. Me refresco con la nieve, pero también puedo sentir el calor por alguno de los agujeros del volcán, interesante combinación.
El Teide 
Además de dichas excursiones, si debo alertar de la necesidad de hacer un hueco en el estómago antes de viajar. La isla es un festival gastronómico, como ya ocurriera en Gran Canaria, la variedad y calidad de su gastronomía no está en duda. Si quieren comida casera, en Tenerife van sobrados, sólo tienen que buscar los tradicionales Guachinches y a disfrutar de platos típicos y carnes a la brasa. De postre, si queda espacio, quesillo y barraquito.

Tras tres días intensos que dieron mucho de sí alrededor de Tenerife. Me vuelvo con la intención de volver. Cada vez estoy más convencido, Canarias es nuestro paraíso.
Un agujero caliente me estuvo calentando la cabeza

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